Literatura y periodismo son dos términos diferentes que se conectan por una intersección en la realidad.
Por periodismo entendemos lo que tiene que ver con las noticias, la no ficción. Los textos periodísticos están ligados a la información, cuentan las cosas como sucedieron de la manera más exacta posible pero también hay cabida para la opinión, el comentario que el periodista hace de las cosas que ocurren.
Es en el periodismo donde buscamos información externa, no en la literatura. Esta información se presenta objetivamente con un lenguaje directo y de manera sobria. El autor queda fuera. En la literatura en cambio, el narrador es parte de la obra literaria.
Como hemos dicho, muchas veces, estos términos acaban relacionándose. El caso del "nuevo periodismo", donde es la literatura la que se disfraza de periodismo utilizando recursos narrativos para atraer al lector, es un ejemplo de esta relación tan estrecha. Un claro ejemplo de esta práctica es el de las novelas que se disfrazan de reportaje. Las novelas de no ficción y auto-ficción se encuentran a medio camino entre la literatura y el periodismo.
La novela de no ficción es aquella que está basada en hechos reales como por ejemplo la obra A Sangre Fría de Truman Capote. Algunos de estos hechos no son comprobables y es el lector el que debe de creer lo que el autor dice.
La auto-ficción trata de jugar con las diferencias entre autobiografía y novela. Para ello, el narrador se identifica con el autor pero entremezcla cosas de ficción, borrando los límites entre lo real y lo ficticio.
Podemos encontrar varios tipos de narrador en las obras narrativas que pueden trasladarse a los textos periodísticos que utilizan este tipo de recursos literarios.
El narrador omnisciente es el más tradicional, aquel que lo sabe todo de la historia. Sabe lo que piensan los personajes, interviene en la acción y sabe lo que va a ocurrir. Se redacta en tercera persona. Un ejemplo es el narrador que utiliza Victor Hugo en Los Miserables.
Por otro lado, el narrador personaje es el que cuenta la historia desde fuera, identificándose con un personaje. De esta manera el relato nos parece más cercano. El narrador puede ser un personaje protagonista que cuenta su historia en forma de unas memorias o una autobiografía de ficción (El Lazarillo de Tormes) o un personaje secundario que será el testigo marginal de la historia. Es el caso de las novelas de Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle, en las que el autor utiliza al personaje de Watson como narrador.
La Teoría del Punto de Vista surgió a finales del S. XIX con el escritor Henry James. La idea era adaptar el punto de vista del personaje utilizando la tercera persona en vez de la primera como se había hecho hasta el momento con los narradores personajes, logrando dar mayor verosimilitud y cercanía al relato. Un ejemplo de esta práctica es El Príncipe Desterrado de Miguel Delibes.
El tercer narrador es aquel que no tiene relación con el personaje, no entra en su mente, se redacta de forma objetiva, normalmente en tercera persona.
Para hablar de literatura y de como esta influye en los textos periodísticos es imprescindible que hablemos de la retórica clásica y de los elementos del discurso. La inventio se corresponde con el descubrimiento del tema, la dispositio con la disposición de las partes en busca de la máxima eficacia y el elocutio son simplemente las palabras con las que se dice.
Las reglas tradicionales de la literatura son fácilmente alterables. Si hablamos de la estructura temporal tradicional del relato respecto a un principio, un nudo y un desenlace, podemos encontrarnos con la práctica del in media res, según la cual el comienzo de la narración no empieza por el principio sino por un momento destacado de la historia.
